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¿Cómo se realiza una monografía?

 Presentación

San Lucas, inicia su Evangelio con estas palabras: «Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido» (Lc 1, 1-4).

Este es nuestro propósito, intentaremos escribir por su orden cómo se debe investigar de forma sólida y rigurosa los escritos de los Santos Padres Teresa de Jesús y Juan de la Cruz o de los demás santos del Carmelo, de modo que podamos ofrecer a nuestros hermanos unas enseñanzas sólidas para poder vivir el carisma del Carmelo e irradiarlo.

En el presente escrito se intenta explicar cómo hacer una monografía sobre un tema de espiritualidad cristiana. La redacción de esta metodología proviene en buena parte de las orientaciones que se dan a los alumnos de los institutos superiores de ciencias religiosas, para realizar los trabajos monográficos o tesinas que se exigen para la consecución de estos estudios. Estas pautas las he adaptado a la vida contemplativa, teniendo presente que estos estudios monográficos de forma sintética pueden ser presentados en la propia comunidad con motivo de alguna festividad y que en un futuro pueden ser publicados para poder enriquecer a las demás comunidades de una misma orden, de las demás contemplativas o en bien de la Iglesia.

La explicación de cómo realizar una monografía puede parecer algo complicado, pero no lo es tanto, lo podemos constatar en el ejemplo que se expone de cómo profundizar sobre “El laico y la vida trinitaria en santa Isabel de la Trinidad”. He procurado hacerlo de forma detallada teniendo en cuenta las diversas posibilidades, para que este mismo escrito resulte útil para elaborar monografías para estudios teológicos.

Realizar un estudio monográfico es sencillamente hacer lo que Jesús hizo con sus dos discípulos cuando se dirigían a Emaús. A través de las Escrituras intentó responder de una manera monográfica a la pregunta que se hacían los dos discípulos, como también las primeras comunidades cristianas: «¿Tenía el Mesías que padecer todo esto para entrar en su gloria?” (Lc 24,26). Ante esta pregunta Jesús, «comenzando por Moisés y siguiendo por los Profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura” (Lc 24, 27).

Dicho de una forma más técnica: una monografía es un trabajo de análisis y de profundización de un tema en alguna de las áreas del saber humanístico o teológico, que parte de fuentes o de autores diversos, organizados sistemáticamente alrededor de un tema.

Aunque no hay un modelo definido de monografía, ya que depende del tema específico a estudiar, su elaboración sigue una metodología, que a grandes rasgos sería ésta que se expone seguidamente.

  1. ELABORACIÓN DE UN PLANO PREVIO

Para realizar una monografía hace falta escoger un tema o ámbito de estudio. Luego realizar un esquema de lo que queremos tratar y definir de forma clara los objetivos.

1.1. Elección del tema

En primer lugar, se necesita tiempo, un tiempo que el bautizado ha consagrado a Dios para el bien de su Reino. Por ello la elección del tema es algo que el cristiano ha de llevar a la oración, para descubrir qué tema le puede hacer un mayor bien espiritual a si mismo, a la comunidad del carmelo a la que pertenece, a la Orden o a la misma Iglesia, a su vez pueda ayudar a seguir mejor a Jesucristo y ser más fiel a la llamada de Dios. Otra motivación sería la actualidad del tema, o la conmemoración de un aniversario que se quiere conmemorar profundizando en un tema, etc.

Tener interés en el asunto escogido es algo muy positivo, ya que produce satisfacción trabajar en ello, y con mucha más facilidad tendremos energías para superar las dificultades que encontraremos en su redacción (que puede durar meses), ya que la propuesta es hacer un trabajo monográfico durante un año. Por ello el tema que se escoja ha de ser atractivo y encajar con nuestros intereses y dudas, o porque vemos en la oración que Cristo quiere que profundicemos en él, o un superior nos proponga un tema a profundizar, y como decía el Señor a Santa Teresa, “hija, la obediencia da fuerzas” (F Pról. 1).

Un ejemplo de cómo se incluye en un mismo tema interés personal, respuesta a una llamada de Cristo, servicio a la comunidad, a la orden y a la misma Iglesia, lo encontramos en Edith Stein. Su nueva priora, que no quiere que se desaprovechen los talentos intelectuales de Edith, le encomienda que prepare un ensayo sobre la doctrina de san Juan de la Cruz, con motivo de la celebración del IV centenario de su nacimiento. Ella escoge el tema «La ciencia de la cruz en san Juan de la Cruz«, para descubrir una luz en la cruz que se ha abatido sobre el pueblo judío. Para la redacción de este estudio, Teresa Benedicta de la Cruz ha de estar horas y horas en contacto con san Juan de la Cruz, el mejor de sus maestros. Poder realizar este estudio es para ella una verdadera gracia. Reflexionar, meditar y profundizar en el tema de la cruz en los escritos de san Juan de la Cruz, le ayudará a prepararse con toda conciencia desde la fe, el amor y la esperanza para el martirio, que es fuente de vida para toda la Iglesia y la humanidad.

Cuando escojamos un tema debemos tener presente el acceso que tendremos a las fuentes de información para poder profundizar en él, ya que la valía de un trabajo está vinculada a menudo a la posibilidad de acceder a una buena bibliografía, pero también a la calidad de la propia reflexión personal. Por ser temas de espiritualidad del propio carisma o de la vida cristiana, las bibliotecas de la comunidad si de ella dispone, las bibliotecas de los conventos de los frailes, de las monjas, o de personas conocidas, pero ante todo Internet en páginas especializadas en la temática de que queremos elaborar el estudio monográfico.

Es bueno escoger temas de los que tengamos un conocimiento experiencial, ya que los estudios teológicos, bíblicos o espirituales, involucran la propia biografía de fe. Además, en estos estudios podremos proyectar la sabiduría que sobre ello tenemos.

El tema se ha de adecuar a la propia preparación intelectual. Es mejor escoger en un inicio un tema sencillo, pero que podamos hacer bien, que abordar algo complejo, que después nos sea difícil llevarlo a término de una manera mínimamente satisfactoria. Cuando ya hay un hábito en la redacción de monografías, ya pueden abordarse temáticas cada vez más inéditas.

Hace falta tener en cuenta el tiempo de que se dispondrá, es mejor un trabajo breve pero bien profundizado, que un gran tema que sólo podemos tratar de forma superficial. Por ello es preciso que la temática tenga unos límites claros y precisos.

1.2. Explicitación de los objetivos y elección del título

Antes de iniciar la búsqueda de material bibliográfico sobre el tema escogido, es importante pararnos a reflexionar «¿qué pretendemos con este estudio monográfico?”, y explicitar nuestros objetivos en algunas frases que lo expresen claramente.

Este sería también el momento de poner un título a nuestro campo de estudio, aunque después debamos concretarlo mejor.

Características del título: Ha de ser en primer lugar, comprensible, ha de dar a entender el contenido del trabajo. Además ha de ser claro y breve. A menudo se juega con el título (genérico e imaginativo) y el subtítulo (más descriptivo). Es bueno que el título sea original y sugerente, pero sin prometer aquello que después no se da.     

1.3. Índice provisional

En el primer índice explicitaremos los temas que queremos tratar, éste se elabora a partir de las ideas y conocimientos que ya poseemos sobre el tema. Es importante hacer este índice provisional al principio porque nos da a grandes rasgos la estructura del trabajo. Es sólo el punto de partida. A lo largo del trabajo se irá modificando y mejorando.

1.4. Planificación del tiempo

Aunque sólo se propone un estudio monográfico a lo largo de un año, pueden surgir multitud de imprevistos, tanto personales como comunitarios, por ello es necesario reflexionar sobre el tiempo del cual podremos disponer, para planificar el tiempo que dedicaremos a cada una de las etapas: selección de información, lectura y organización de la información, primer esbozo, redacción definitiva, conclusiones…

     2. RECOGIDA Y TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN

Cuando ya hemos decidido el tema que queremos investigar o profundizar es el momento de buscar material bibliográfico para saber qué han pensado otras personas sobre el tema que hemos escogido, con el objetivo de enriquecernos con nuevas ideas y poder en un futuro enriquecer a los demás con nuestra aportación.

2.1. Búsqueda bibliográfica

El primer paso para poder profundizar es investigar si el tema ha sido estudiado con anterioridad y de qué forma se ha abordado. Por este motivo buscaremos en la biblioteca a la que tenemos acceso todo el material disponible sobre ello, consultando las enciclopedias, libros especializados o revistas. Muy a menudo al final de los libros o artículos está consignada bibliografía para poder ampliar el tema. También buscaremos en Internet todas las webs especializadas sobre el tema…

     Es este punto se hace imprescindible la búsqueda bibliográfica a través de:

  • Diccionarios enciclopédicos (dan una visión general) y diccionarios especializados como: Sacramentum Mundi, Diccionario Teológico Interdisciplinar…
  • Repertorios bibliográficos: Bibliografía sistemática de santa Teresa de Jesús, de San Juan de la Cruz, de Santa Teresa del Niño Jesús…
  • Libros especializados: Este es el objetivo principal de nuestra búsqueda, ya que en ellos encontraremos datos abundantes sobre el tema elegido.
  • Revistas especializadas: En ellas podemos encontrar artículos útiles, y nos pueden orientar sobre la bibliografía más reciente sobre el tema, entre muchas hay: Monte Carmelo, Revista de Espiritualidad, Teresianum
  • En Internet es muy amplia la oferta de libros y estudios monográficos. Al final de este estudio hay diversas páginas web. donde se puede hallar material sobre la espiritualidad del carmelo.

2.2. La Escritura

La Escritura es el alma de la Teología y de todo escrito sobre espiritualidad cristiana. Se hace imprescindible su constante referencia. Al mismo tiempo hace falta evitar falsear la Biblia, cayendo en la trampa de instrumentalizar textos particulares para apoyar la tesis de nuestro trabajo.

Sobre ello san Buenaventura escribe: “Toda la Escritura puede compararse con una cítara: una cuerda por sí sola, no crea armonía, sino junto con las otras. Así ocurre con la Escritura: Un texto depende de otro; más aún, cada pasaje se relaciona con otros mil”[1].

Es esencial acercarnos a la Biblia con la actitud del discípulo, hemos de dejar hablar a la Palabra de Dios para aprender de ella. Por ello no nos podemos ahorrar el estudiar de forma monográfica el tema escogido desde el punto de vista bíblico. Nos puede ayudar a ello, https://www.biblija.net/ Biblia en internet, el buscar un vocablo o sinónimo, cuando pulsamos la tecla “inter”, nos sale la lista de pasajes donde aparece este vocablo en toda la Biblia. El hacer una lectura de estas listas de versículos, nos puede ayudar a tener una idea global de lo que dice la Biblia sobre este tema, y escoger los textos bíblicos que nos pueden ser más significativos para el tema que estudiamos, no para justificar nuestras ideas, sino para dejarnos enseñar por la Biblia. A su vez es importante leer el sentido bíblico sobre el tema elegido según lo exponen los biblistas. Lo encontraremos en diccionarios bíblicos como el Vocabulario de teología bíblica de León Dufour Ed. Herder Barcelona 1972, está también en versión digital, el Diccionario Bíblico Manual de Heiz Obertmayer…

2.3. Tradición de la Orden

Gracias a las ediciones digitales de las obras de los Santos del Carmelo, podemos realizar la misma búsqueda que hemos hecho en la Biblia, poner un vocablo y nos saldrán todos los párrafos donde se encuentra esta palabra. Leyéndolo veremos qué sentido tiene esta palabra en el santo que se estudia. Guardaremos los textos más significativos en un archivo.

Luego podemos consultar las Bibliografías sistemáticas de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz publicadas por el P. Manuel Diego Sánchez en la ed. Espiritualidad, Madrid. Allí por temas están todos los artículos o libros publicados por cada temática en cada uno de los santos.

Luego intentar localizar estos artículos, en las revistas Monte Carmelo, De Espiritualidad, Teresianum o de otra temática que están digitalizadas y se pueden encontrar en internet. En los números monográficos dedicados a los Santos del Carmelo, puede aparecer un apartado donde se recoge la bibliografía publicada hasta este momento sobre él. O al final de los artículos y los libros podemos conocer lo que se haya publicado sobre el tema. 

 2.4. Magisterio de la Iglesia

Nuestra búsqueda debería tener en cuenta la fecunda dimensión comunitaria. Por ello sería bueno que se estudiara el tema desde la tradición de la Iglesia. Ya que podríamos hacer una reflexión individualista con la tentación de buscar la propia fe al margen de los demás. El pensar teológico, más que en ninguna disciplina, es un «volver a pensar», y por tanto es pensar desde una tradición determinada, pero que con nuestro estudio y reflexión podemos enriquecer.

Del Magisterio actual de la Iglesia existen buenas ediciones críticas de los documentos del Vaticano II. Hay también colecciones exhaustivas que permiten hacernos cargo de la formación del dogma, como es el caso del manual de H. Denzinger – P. Hünermann, El magisterio de la Iglesia. Enchiridiom symbolorum, definitionum et declarationum de rebus fidei et morum. Barcelona: Ed. Herder 1999. Se puede hallar en esta web, en “Textos fundamentales”.

2.5. Organización y estudio de la información

Una vez reunida toda la bibliografía posible, debemos leerla y estudiarla convenientemente.

En la lectura y el estudio de la biografía conviene seguir el siguiente orden:

  • Los diccionarios y enciclopedias nos ayudan a tener una visión general del tema, a poder evaluar las posibilidades y dificultades de su investigación también para esclarecer conceptos.
  • Los libros de consulta, estudios, monografías, artículos en revistas especializadas.

Con las modernas tecnologías se abrevia mucho el trabajo. Es muy útil el programa de Google, “OnNote”, se abre una página por cada capítulo o temática que se quiere tratar, allí iremos incorporando los parágrafos que nos interesen poniendo siempre la referencia bibliográfica de forma abreviada de donde lo hemos extraído. De esta manera nos ahorraremos bastante trabajo, ya que estarán introducidos los textos a la hora de redactar, y entonces nuestra tarea será sobre todo cortar y unir.

En otra hoja o en una página de word vamos anotando las ideas que espontáneamente nos sugiere la lectura de la bibliografía o la reflexión sobre el tema. Anotamos las ideas tal como se nos presentan, sin ningún orden, más tarde ya las repasaremos y eliminaremos las que no nos son útiles y dejaremos las que consideramos fundamentales y que incorporamos al trabajo.

     3. REDACCIÓN DEL TRABAJO

Una vez reunida y clasificada toda la información, hace falta que nos dispongamos a redactar, teniendo en cuenta diversos aspectos.

3.1. Presuposiciones a tener en cuenta a la hora de redactar

Después de haber analizado la bibliografía, debemos tener claro aquello que queremos comunicar, pero a veces es difícil exponerlo o expresarlo por escrito con claridad y de forma progresiva.

Por ello es muy importante hacer un guión general. Éste guión lo redactaremos después de la lectura de todas las fuentes bibliográficas, ya que nos permitirá abordar el tema en su totalidad y definir sus dimensiones. Es el momento de decidir el número de capítulos, y los principales apartados que darán una progresión lógica a la obra. Si no tenemos el guión general de la monografía bien estructurada y delimitada, podemos correr el riesgo de redactar capítulos o parágrafos innecesarios. Los guiones de cada capítulo también han de estar bien delimitados; esto no quiere decir que no se haya de retocar en el curso de la redacción, pero hemos de tener claro, antes de empezar, cuál es el enfoque que le queremos dar.

Entonces es cuestión de ir redactando los diferentes capítulos. No siempre se redacta de forma seguida, es decir, siguiendo un orden preestablecido en el guión general, sino que cuando se considera que el guión de un capítulo está lo suficientemente maduro es cuando se está en disposición de escribirlo.

A la hora de la redacción hemos de tener siempre presente al posible lector de este estudio, hemos de pensar siempre que él no sabe nada, por tanto, no dar nada por supuesto e ir acompañando al lector a lo largo de toda la obra.

Procuremos siempre que sea posible ir a la fuente directa, o sea consultar la Biblia en la lengua en que escribimos la monografía, y consignar a partir de ella las citas bíblicas. Y recurrir, siempre que se pueda, a las obras escritas por los santos que estudiamos, si no es posible en lengua original, hacerlo a través de una buena traducción, para evitar apoyarnos en una interpretación incorrecta del autor de un artículo o perpetuar citas erróneas por mera repetición.

La extensión ha de ser la que necesitamos para exponer nuestras ideas, teniendo siempre en cuenta que el valor de una monografía se mide por la calidad del texto, no por la cantidad de páginas. Es necesario evitar a toda costa la hojarasca, o prescindir de materiales que no encajan en la estructura prevista, aunque nos haya costado reunirlo, quizás estos materiales nos podrán servir para otros estudios.

Siempre que sea posible, se ha de equilibrar el número y la extensión de las partes, capítulos y apartados, para que surja una obra harmónica. Se ha de ir siguiendo un orden lógico en la exposición de las ideas. Si se elige un desarrollo lineal, cada capítulo es inducido por el anterior y nos conduce al siguiente, así de forma sucesiva, hasta llegar a las conclusiones. Un ejemplo de esto es la forma en que está estructurado el Cántico espiritual de san Juan de la Cruz.

El estilo de redacción ha de ser sobrio. Utilizaremos frases cortas, términos precisos, evitaremos las repeticiones de las palabras, recurriendo a un diccionario de sinónimos. Mantendremos la unidad a lo largo de toda la obra, utilizaremos el mismo tiempo para los verbos, no pasar del presente al futuro, o del pasado al futuro, o de un tono directo a un tono impersonal. Es necesario evitar el estilo pomposo, ya que resulta ridículo, a la vez que debemos siempre matizar bien las frases, para que expresen aquello que queremos comunicar, y evitar la repetición de ideas.

Cuando redactamos habrá momentos en que estaremos inspirados y el trabajo avanzará de forma notable, pero en otros el desánimo nos puede dominar por falta de inspiración, ya que no conseguimos avanzar en la redacción de un capítulo, si uno se encuentra bloqueado es mejor dejarlo, dedicar el tiempo a otras cuestiones del trabajo o a otras tareas. En plena redacción de un capítulo nos pueden venir ideas nuevas relacionadas con otra parte de la obra, esto se da a menudo. Es bueno anotar las ideas que nos vienen en algún bloc y continuar trabajando en el capítulo que estábamos redactando.

3.2. De los esbozos a la redacción definitiva

Para conseguir una monografía bien estructurada deberemos hacer diversas redacciones. En la primera nos preocuparemos esencialmente del contenido, donde se enlazan los diferentes puntos que integran el guión. Hemos de procurar siempre que la exposición de las ideas sea ordenada y clara. Por ello se recogerá lo esencial. En un inicio se escribirá una idea por parágrafo y un parágrafo por idea. Se redactará al mismo tiempo el texto y las notas.

No se puede dar por finalizado un capítulo hasta que no se ha terminado toda la obra, ya que muy a menudo en la redacción de otros capítulos nos surgen ideas nuevas, o tenemos acceso a otros materiales bibliográficos que consideremos también útiles. Por ello es recomendable redactarlo en el ordenador, ya que nos posibilita la reelaboración del texto, contiene correctores ortográficos, facilita la referencia de notas y citas, permite visualizar mejor el escrito… Pero, si no es posible, se redacta todo el estudio a mano, para después pasarlo al ordenador.

Si desde un inicio hemos introducido el contenido de las citas bibliográficas en el ordenador, procuraremos con las funciones de «cortar» y «pegar» poner los textos recogidos en la búsqueda bibliográfica por orden lógico. Entonces lo imprimiremos para poder reordenar y reestructurar mejor el contenido y corregir el estilo.

Después de la primera redacción debemos releer el texto con el objetivo de eliminar cualquier error o deficiencia que haya podido pasar desapercibido: fallos ortográficos, sintácticos o de estilo. Hemos de eliminar todo aquello que no guarde una relación con el tema, pero se ha de evitar eliminar informaciones o ideas verdaderamente indispensables, aunque el trabajo sea más extenso, posteriormente ya haremos las síntesis que hagan falta, pero el estudio ha de tener la amplitud necesaria.

Cuando se ha llegado a una redacción bastante satisfactoria es el momento adecuado para redactar las conclusiones y la introducción. Es importante también someter el trabajo a la consideración de otras personas, prioritariamente si son expertos en el tema, para que miren si el enfoque del tema ha sido el adecuado. A menudo deberemos rectificar ideas, parágrafos enteros, incluso capítulos, pero lo importante es el resultado final, teniendo siempre el lema «La Iglesia o la Orden se merece lo mejor».

Se recomienda que antes de hacer la redacción final de un trabajo, lo dejemos reposar un tiempo, ya que permitirá hacer una lectura desde fuera, como si fuese un estudio realizado por otro, esto nos permitirá hacer una corrección más crítica y mejorará el resultado.

3.3. Partes de un trabajo escrito

Un trabajo monográfico consta de tres partes esenciales que han de diferenciarse con toda claridad:

  1. Introducción o presentación.
  2. Cuerpo central,
  3. Conclusiones.

Pero un trabajo ideal consta de las siguientes partes:

3.3.1. Portada: Hace falta diferenciar entre portada y cubierta. La cubierta es una protección generalmente de cartulina. La portada es siempre de papel en la cual constan todos los datos que identifican el trabajo. Constará del título y subtítulo (si lo lleva), llevará el nombre del autor, se puede incluir también el nombre de la comunidad a que pertenece el autor, el lugar y la fecha de redacción.

3.3.2. Dedicatoria: Se puede dedicar la obra a algún miembro de la Iglesia celestial, por ejemplo: «A María, la mejor discípula de Jesucristo» o a personas particulares, se suele dedicar a amigos, a familiares o a los miembros de la propia comunidad, etc.

3.3.3. Agradecimientos: Se acostumbra, en estudios amplios, reservar una página donde se hace constar el agradecimiento del autor a todos lo que han contribuido a la realización de la obra. El agradecimiento puede ser colectivo o individual.

3.3.4. Sumario: Indica las partes de las que se compone el trabajo y la página en que comienza cada una de ellas. Permite ver a simple vista el contenido global del trabajo. Generalmente sólo hay un sumario en los estudios muy extensos y en algunos artículos, que hace las veces de índice.

3.3.5. Tabla de abreviaciones: Se informará al lector de las abreviaciones que se han utilizado. Estas se ordenarán en forma alfabética. No hace falta incluir las abreviaciones bíblicas.

3.3.6. Prólogo: En algunos libros hay un prólogo, redactado por una personalidad, que tiene el objetivo de presentar la obra y en el cual se expone la preparación y la aptitud del autor para redactarla y la utilidad que pueda tener.

3.3.7. Presentación: En pocas páginas el autor presenta al lector el objetivo del estudio, las partes que contiene con una breve síntesis de cada una de ellas y el resultado que se ha obtenido, sin entrar en detalles. La presentación permite al lector hacerse una idea rápida y sumaria del contenido, pero es fundamental que despierte en el lector el interés para leer la obra.

3.3.8. Introducción: En algunos estudios, en vez de la presentación hay una introducción. En ella se exponen las razones por la elección del tema, el enfoque, la problemática que se pretende abordar etc. Se indica también la metodología utilizada, el tipo de fuentes y bibliografía consultada y la finalidad del escrito. Hace falta procurar que la introducción sea concisa y despierte interés. Se suele redactar al final, incluso después de las conclusiones, aunque vaya colocada antes del texto monográfico.

3.3.9. Cuerpo del trabajo: Es la parte central del escrito. Según la complejidad del tema estudiado, el trabajo estará dividido en partes, en capítulos claramente diferenciados. Los capítulos también se pueden dividir en unidades menores. Estas divisiones y subdivisiones en capítulos y secciones se indicarán de forma clara y coherente, de manera que el lector tenga en la mente un esquema claro del contenido. A ser posible sería bueno que los diferentes apartados tengan una extensión parecida.

3.3.10. Conclusión: Es la síntesis de todo lo que se ha ido exponiendo. La conclusión no ha de decir nada que no se haya ido exponiendo y justificando a lo largo del trabajo. Se ha de recoger lo que nos ha aportado personalmente (ya que el punto de partida es la propia experiencia de la fe), así como también los principales hallazgos, las cuestiones que quedan pendientes, así como proponer ampliar el tema a otros horizontes.

3.3.11. Apéndice: Es donde se incluyen todos aquellos materiales que corroboran, ilustran o complementan una obra o parte de ella. En los apéndices se hallan los textos, documentos, los gráficos, etc.

3.3.12. Bibliografía: Es el listado completo de todo el material bibliográfico utilizado, ordenado alfabéticamente por el primer apellido del autor. Se cita en la lengua del libro consultado. Se toma la referencia de la portada, no de la cubierta.

Modo de citar la bibliografía utilizada

No hay un común acuerdo en la forma de citar la bibliografía, una de las posibilidades sería la siguiente:

Nombre Apellido, (Si hay hasta tres autores, se separan para (-), más de tres autores poner (et. al) Título. Subtítulo (si hay), (Colección y núm. dentro de la colección), Lugar de edición, n. de edición (a partir de la segunda), editorial y año.

Ejemplo: Jesús Castellano, Pedagogía de la oración cristiana, (Col. Biblioteca litúrgica 6), Centro de Pastoral Litúrgica, Barcelona 1996.

Cita de un artículo de revista:

Nombre Apellido, «Título del artículo», Revista, n. de la revista (año) páginas.

Javier Pikaza, «Varones y mujeres contemplativos», Vida Religiosa. Boletín informativo, 13 (1991) 395-401.

Cita de una obra de colaboración entre diversos autores.

Nombre Apellido. Título del capítulo, «en» (para citar en castellano), nombre de los autores o editores, Título de la obra, lugar de edición, editorial y año.

J. Dupuis, «Diálogo interreligioso», en R. Latorella – R. Fisichellas – S. Pié (eds.). Diccionario de Teología Fundamental, Madrid 1992, 304-312.

Citación de documentos del Magisterio eclesiástico:

Nombre del Papa, tipo de documento, primeras palabras latinas, tema del documento, fecha de emisión.

Juan Pablo II, Exhortación apostólica «Vita Consecrata», sobre la vida consagrada (25 de marzo de 1996).

Citación de un texto de internet: http//. www. «título» y fecha de la consulta.

3.3.13. Las citas: Normalmente muchas de las ideas que se expresan en una monografía no nos pertenecen, sino que las sacamos de diversas fuentes bibliográficas, incluso en ocasiones utilizaremos las palabras textuales de un autor; por ello introduciremos citas textuales en el cuerpo del trabajo. Si el texto copiado no supera las tres líneas se integra topográficamente en el cuerpo del trabajo, y lo transcribiremos entre comillas (« »). Cuando la cita textual supera las tres líneas, se separa del cuerpo del texto central haciendo un bloc separado. Si dejamos algún fragmento del texto del autor para copiar se señala con […]. Al final de la cita se pone un nombre y a pie de página se transcribe la procedencia bibliográfica del texto copiado.

Puede suceder que una obra sea citada en diversas ocasiones, la primera se hace la referencia de forma completa, pero en las otras se escribe el nombre del autor y en cursiva el título, y el número de la página. Si a continuación se pone otra cita del mismo autor y misma obra, se pone Ibid., y se indica el número de la página. En caso de que haya diversas obras del mismo autor se cita el título de forma resumida y se pone o.c. y el número de la página. Por ejemplo:

1. Edith Stein, La mujer. Su papel según la naturaleza y la gracia, Madrid, Ediciones Palabra, 1998, 33.

2. Ibid., 36

3. Teresa de Lisieux, Manuscrits Autobiogràfics, (Col. Clàssics del Cristianisme, 63), Ed. Proa, 34.

4. E. Stein, La mujer. Su papel según la naturaleza y la gracia, 53.

Se admite que en las notas o en el cuerpo del trabajo, se pongan de forma abreviada las referencias a pasajes de la Escritura, como también de las obras de santos como Teresa de Jesús, o Juan de la Cruz, en que se pone la inicial del libro y a continuación el capítulo y al párrafo a que corresponde por ejemplo (V 36,7). En el caso de Teresa de Lisieux, si se hace referencia a los manuscritos se pone el manuscrito al que se cita, y la página correspondiente al original, por ejemplo (Ms A, 17r; Ms B 1v).

3.3.14. Notas: Además de las citas bibliográficas que se colocan a pie de página o al final del texto, puede haber también notas para explicar aspectos secundarios que en un texto pueden distraer, o bien citar opiniones que corroboran o contradicen lo que se dice en el trabajo. Hay también notas internas que remiten a otras partes del texto, o notas esclarecedoras que intentan orientar al lector sobre ciertos rasgos poco conocidos.

3.3.15. Índice: Es la relación final de todas las partes, capítulos de que se compone el estudio realizado. Se podría decir que el índice es una relación detallada y completa del contenido del trabajo. Se puede poner al final o al principio del trabajo.

     Bibliografía para la redacción de monografías

  • J. M. Prellezo – J.M. García, Investigar. Metodología y técnicas del trabajo científico, Ed. CCS 2003.

Enlaces de espiritualidad carmelita: barra superior de esta web.


Notas

[1] San Buenaventura, In Hexaemeron, col. 19,7.Citado por Emiliado Jiménez Hernández, María, Madre del redentor, Bilbao, Grafitte Ediciones 2001, 25.

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